El alerce, denso y naturalmente resistente al agua, funciona en suelos de acceso, bancos y frentes de cocina; el abeto, más claro y elástico, suaviza paredes y techos. Con aceites duros, ceras y cepillados ligeros logramos tacto cálido, fácil mantenimiento y una pátina que mejora con uso, nieve tras nieve.
La caliza y la dolomía locales aportan masa térmica y un color gris cremoso que dialoga con la madera. Usarlas en zócalos, bancadas y chimeneas estabiliza la temperatura y protege zonas de desgaste. Biseles generosos, cantos redondeados y juntas mínimas elevan su presencia sin abrumar pequeños volúmenes.
Tratamos suelos de alerce con aceite-cera de alta solidez; paredes de abeto con jabón que sella por saturación. La caliza se limpia con agua tibia y cepillo de fibras. Aceptamos rayas y pequeñas marcas como diarios de viaje, afinando la pátina con mantenimientos breves y regulares.
Combinamos bañadores de pared de 2700K, lámparas de mesa con pantallas textiles y pinceladas directas sobre encimeras. Interruptores grandes, reguladores robustos y escenas preprogramadas simplifican uso con manos frías. Evitamos brillos especulares que cansan la vista con nieve fuera, privilegiando difusores y orientaciones cuidadas.
Mantas de lana de Tolmin, cojines de fieltro cosidos a mano y alfombras tejidas en Idrija aportan color y acústica amable. Reutilizamos herrajes recuperados y cerámica hecha por artesanos de Bled. Cada objeto suma función y relato, alejando la decoración gratuita y reforzando identidad sin ruido.
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